domingo, 30 de agosto de 2009

¿Estarás?


Mis miedos no son tan constantes aunque debo admitir que temo mayormente a la soledad.

Mis padres partirán, mis hermanos con sus respectivas familias, mis amig@s temo que no estarán allí, pues cada quien en sus propios asuntos. ¿Yo?...

¿Habrá alguien que esté a mi lado? ¿alguien con quien hablar luego del trabajo? ¿Alguna vez un ser hermoso podrá llamarme mamá?...

¿Habrá una personita que necesite mi protección? ¿Alguien que me enseñe a proteger, alguien a quien dedicarle mi éxito y refugiarme en él ante el fracaso?...

¿Estarás ahí mi pequeña Zoe? (me gusta ese nombre si alguna vez tengo una nena)...

Te esperaré hijo mío, para enseñarte lo poco que sé, para darte un beso de buenas noches luego de leerte un cuento o tal vez luego de jugar o por qué no, de bailar...

Te esperaré para compartir mi vida, para dedicártela entera. Para que con tu sonrisa puedas iluminar mis días...

Es un deseo no próximo, tal vez dentro de algunos años... pero espero, algún día, que el 15 de mayo alguien se acerque a mi con una rosa y un abrazo...

jueves, 27 de agosto de 2009

Capacitación en Cabañas


El pasado 14 de agosto los alumnos del cuarto año, segunda sección de Ciencias de la Comunicación viajamos a Cabañas, Caacupé para compartir con los jóvenes del Colegio Nacional Dr. Raúl Peña y llevar a cabo el seminario: “La comunicación alternativa como espacio de reflexión y capacitación profesional dirigido a estudiantes secundarios”.

El mismo consistía en capacitar a jóvenes del último año del bachillerato Ciencias Sociales para que logren realizar una revista como medio de comunicación alternativa y para ayudarles a recaudar fondos para su graduación.

Nuestros objetivos principales eran promover conocimientos para la creación de revistas en la institución y generar espacios de reflexión, dar a conocer ideas a través de los medios alternativos.

Recaudamos libros para donar a su biblioteca, la meta mínima era de 100 libros pero gracias a la unidad y apoyo de los compañeros recaudamos ¡230!
Una experiencia única, trabajamos con jóvenes a quienes orientábamos en cuanto a la redacción y la elaboración de un semanario y/o revista. Interactuamos con ellos, nos contaban sus proyectos, la profesión a la cual quisieran acceder dentro de un tiempo.

Al comienzo estaban un poco tímidos pero luego se fueron afianzando. Pasamos una muy linda mañana con ellos y compartimos una “merienda”. Llevamos bocaditos para el almuerzo, compartimos, jugamos gracias a la dinámica de una compañera y así pudimos hacer más llevadera la mañana y tratar de no aburrirles.

A las 12.30 aproximadamente nos despedimos, nos dieron las gracias por haber hecho esta labor y nos ofrecieron el Colegio para realizar otras actividades con otros chicos. La invitación está hecha, no descartaremos esa posibilidad.

miércoles, 26 de agosto de 2009

"Bestias Humanas"


Bestias, la peor escoria que puede existir. De esas que te hacen sentir rara, sin valor, vacía, sucia. Nadie sabe de donde salen pero te persiguen por más que aceleres el paso.

Malditas mierdas sin control,tatuadas con el cinismo, la indecencia y el descontrol. Bestias insaciables, inmorales. Te maldigo a ti ser ruin, roñoso, maldigo los momentos en que sales a victimizar a inadvertidas personas.

El cúmulo de mis tensiones haz sabido explotar. A ti bestia de la calle, déjame en paz.

Que tu "futuro" se vuelva inservible... tal pasas de uva...


(Tuve un mal día por culpa de una bestia como ésta, que se vayan a la p***)

viernes, 21 de agosto de 2009

"Un aventura soñada"


Este es el cuento merecedor del segundo puesto del 1er Concurso de Relatos Cortos y Poesías de la Municipalidad de Capiatá.

Josefina es una niña de 11 años a quien le encanta investigar. De grande, será arqueóloga como Lara Croft a quien admira en los videojuegos, ya se lo reveló a sus padres. No están de acuerdo con su hija, pues no tendría mucho futuro, mas se sienten confiados de que cuando crezca cambiará de parecer.

Vive en Argentina y le encanta visitar a su abuela en Paraguay, en una localidad muy bonita llamada Capiatá. Lo que más le interesa es conocer el origen de los mitos, su historia, quién los inventó, pues la ciudad se caracteriza por el museo mitológico Ramón Elías, único en su especie en toda Sudamérica.

Se pasa horas frente a su computadora, navegando en internet, de hecho, visitó varias páginas web alusivas a la ciudad. Se informó sobre la academia militar, el cementerio japonés, la iglesia, el porqué la gente dice Pa’i jukaha. No lo comprende bien aún, pero es muy inteligente para su edad.

Le contará a su nana (su abuela Catalina) que el verano próximo irá a saludarla y pasará sus vacaciones con ella, cuenta los días que faltan con mucho entusiasmo.

“Querida abuela: Estoy feliz porque pronto viajaré a Paraguay para encontrarme contigo y me llevarás al museo que tanto quiero conocer, será el regalo de mi 12° cumpleaños…”. En ese momento escuché un ruido extraño proveniente del patio, corrí las cortinas de mi habitación y vi un camino hermoso, lleno de flores que me invitaban a seguir. Una vez fuera, oí el canto de los pájaros, era un día fantástico.
Seguí caminando y me encontré con un lugar bellísimo, era una especie de cabaña antigua con pasillos largos, ventanales de madera que contaban el paso de los años.

¿Qué es ese ruido? ¿Alguien se encontraba ahí?- me pregunté. Era un niño completamente desnudo, ¡Por el amor de Dios!, pensé. Pero no perdí la calma, fui valiente y lo saludé.

Él tenía una vara de madera en mano y hablaba con un hombrecito, petiso y muy peludo. Me dijo ser Jasy Jateré y que estaba en compañía de su muy buen amigo, el señor Pombero.

“Por favor, no temas, no te haré daño, sólo quiero ser tu amigo, gracias a abuelas como la tuya ya nadie quiere jugar conmigo. Los niños me temen y los adultos me utilizan para que sea protector de sus bienes”,-afirmó con cara triste el hombrecito.
En ese momento recordé las palabras exactas de mi abuela Cata: “che memby no vaya que na a salir sola ajuera, cháke karai pombero nderaháta hina”, me sentí tan responsable, el pobrecito no tenía la culpa de que los grandes los usaran para atemorizar a los niños.

Les aseguré que yo no era como los demás, que me encantaría ser amiga de ellos. Una sonrisa se dibujó en el rostro de mis nuevos amigos, me sentí muy bien.

Me llevaron a conocer mejor su casa, me comentaban que un buen hombre llamado Ramón Elías, había construido su hogar, además adoptó a muchas “personitas” como ellos.

A medida que íbamos recorriendo los pasillos, iba conociendo al resto de la familia, entre ellos se encontraban el Lobisón que me pareció un perrito bastante raro y poco amable, también el señor Kurupi, un buen hombre pero su aspecto me daba miedo. El más chistoso resultó ser Ao Ao, parecía una ovejita pero con cabeza de oso y patas grandes, un tanto extraño, la familia era completamente extraña pero muy amable, me recordaba a la familia Adams, ¡ja ja!

Nos detuvimos un instante a tomar agua fresca del kambuchi, mientras contemplaba el hermoso lugar, me comentaban que no había otro así en toda Sudamérica, ¡Qué dichosa me sentí, única en su género y yo lo había conocido! , era como conocer a la misma Lara Croft, ¡qué diría ella si le cuento mi experiencia!

Era momento de emprender una aventura con Jasy y Pombe (así los llamo de cariño), fuimos hasta la puerta grande que da a la avenida principal, Mcal. Estigarribia según los chicos. Noté que llevaba una impresión en lo alto del portón: “Museo Mitológico Ramón Elías”, definitivamente era el museo que tanto anhelaba conocer y por más que insistía a mis padres, ellos no me llevarían por esa cuestión de las supersticiones.

Sonreí y seguí mi camino, íbamos por la acera corriendo y riendo, nos detuvimos en un centro comercial, lo recuerdo perfectamente, pues llevaba el nombre de Fernandito, sí, como aquel compañero de la escuela que me envió una carta el día de San Valentín.

Nos topamos con gente muy amable, vendían cosas a las afueras, Pombe era el más glotón, compró caramelos y otros dulces. “No te detengas”- me decía Jasy, pues él quería mostrarme un poco más la hermosa ciudad de Capiatá. Fuimos corriendo mientras Pombe nos perseguía con paso lento e intentando abrir la bolsa de gomitas de azúcar, en seguida llegamos a una plaza muy bonita, tenía como una gran pista de patinaje, allí andaríamos en bicicleta y patinaríamos en skate.

Les pregunté de quién era ese lugar, “de todos” me dijo Pombe, mientras devoraba el último caramelo. “¿Ves esa casita allá?”- preguntó Jasy, “se llama Municipalidad, y es la responsable de que todo esto esté en orden”.

Me pareció entretenida la explicación pero lo interrumpí cuando fui corriendo a un columpio que se encontraba desocupado, sólo pensaba en divertirme. Me reí bastante cuando vi a Pombe en la bicicleta, con sus piernitas cortitas y peludas, la bici le quedaba un tanto grande.

Jasy y yo pronto entablamos una amena conversación, ¡tenemos tanto en común! Nos preguntábamos por qué no nos habíamos conocido antes, si era cuestión del destino, o cosas así.

En medio de nuestra filosofía, nos percatamos de que unos niños, más grandes que nosotros, comenzaban a molestar a Pombe, le proferían insultos horribles. Él, callado, comenzó a gemir, se sintió tan humillado que no tuvo la fuerza suficiente como para defenderse.

Corrimos junto a ellos y nos pusimos delante de nuestro fiel amigo, los demás nos molestaban. Sostenían que ese lugar era para ellos solamente, que era el espacio donde practicaban sus piruetas en las bicicletas pequeñas. No estaban dispuestos a compartir aquella zona que era “de todos”.

No podía comprender cómo la gente es tan egoísta, Jasy, murmuró diciéndome que ellos no eran de ahí, que venían de otra ciudad queriéndose adueñar de lo que pertenecía a los capiateños.

Traté de ser sensata y les pregunté de donde venían, un joven apuesto pero irritante llamado Brian me aseguró que venían de una localidad vecina. Le respondí que si querían seguir viniendo deberían acatar las normas de la Municipalidad.

¿Qué es eso?- preguntó inquietante el pequeñín que se escondía detrás de uno. Jasy respondió: “es la responsable de que todo esto funcione, tiene sus reglas, la más importante es que este lugar es de todos, sin importar de qué ciudad vengan y lo deben cuidar”.

Pronto el rostro poco amable de los demás comenzó a asustarme, estaban furiosos como bestias enjauladas queriendo despojarse de sus cadenas, se creían los más fuertes pues ya eran mayores, tendrían dieciséis años aproximadamente.

Se acercaban cada vez más a nosotros, sacando la ira que llevaban dentro, Pombe continuaba tiritando del miedo, llorando. Jasy parecía impotente a pesar de su coraje y yo… me encontraba perdida, no era tan valiente como pensé, sentía que me temblaban las rodillas viendo la cara roja de esos vándalos.

De repente… ¡Josefina! Despiértate que ya es hora de ir a la escuela, hija.

"Comprometido con la fe"


Este es uno de los cuentos que escribí para el 1er Concurso de Relatos Cortos y Poesías de la Municipalidad de Capiatá

Era un día de enero muy caluroso. Mi madre no se encontraba muy saludable esa semana, papá y yo saldríamos a trabajar con gente de la calesita, ¡cómo me gustaba mi trabajo! A pesar de ser un niño pequeño en ese entonces, nada disfrutaba más que compartir con mi padre y mis tíos ese mágico mundo en el que nos hallábamos inmersos.

Tuvimos que dejar a mami en casa y empacar nuestras cosas. No me gustaba dejarla sola, mas debíamos trabajar para comprarle medicinas, además de pañales y leche para mi hermanita Sara. Presentía que mamá no estaría con nosotros mucho tiempo. Tosía mucho, le dolía la cabeza y tenía un chillido en el pecho. Yo sufría en silencio.

Todo sea por la familia y la salud. Pronto nos encontramos en el gran camión del tío Samuel, nos dirigíamos a una gran fiesta, la ciudad quedaba distante a unas seis horas aproximadamente. Llevé mi camioncito de madera que me había regalado papá en mi último cumpleaños. Me divertía a mi manera, no obstante, no olvidaba que mamá y Sarita quedaban en casa, al cuidado de mi abuelita, la pobre ya era anciana; sin embargo, no teníamos a otra persona a quien acudir.

En el largo viaje pude contemplar lo maravilloso de la naturaleza y podía reflexionar sobre mi comportamiento un tanto infantil a pesar de mis escasos 9 años. Llegamos a una localidad llamada Capiatá, pronto sería la fiesta patronal, eso significaba que íbamos a tener mucho trabajo gracias a Dios. Nos instalamos en una plaza denominada Plaza de los Héroes. Allí se viviría una de las celebraciones jamás vista por mi tío y mi papá, a pesar de que ellos prácticamente recorrieron todo el país en su gira con la calesita “Los amigos de Samuel”.

Al bajarme del camión ayudé a montar algunas cosas, no podía hacer mucho, pues mi debilidad de niño flaco me lo impedía. Pedí permiso a los mayores para conocer mejor el lugar y explorar mi nueva estadía.

Me encontré con mi amigo Miguel, el mismo que había ido con su familia a la fiesta patronal de Pedro Juan, mi ciudad, mi hogar. Me invitó a recorrer juntos las manzanas más cercanas, acepté con gusto, pues lo conocía bien.

Jugamos un rato en la misma plaza y pronto mi papá me llamó para ayudar a acomodar los caballitos y demás piezas de madera e ir armando la calesita. Sabía que había ido a trabajar y no de turista.

Miguel me ayudó en algunas cosas, era más fuerte que yo pues tenía dieciséis años. Al irse, me prometió volver cuando todo estuviera listo, el es capiateño y vendría para la misa que se ofrecía en la iglesia Virgen de la Candelaria.

Las horas pasaron volando, cuando me di cuenta ya era de noche y varias personas estaban mirando como quedaba la calesita, ansiosas por subirse al caballito. Gente desconocida se sumaba a los juegos, estaban los que traían la ruleta, los premios de los globitos de colores, el del acierto con los aros, muy bueno por cierto.

Comenzamos a trabajar esa misma noche, todo se iniciaba a vestir de gala: banderas, guirnaldas, música, luces, todo esto y más constituía la hermosa ceremonia. La Virgen de la Candelaria iba a pasar frente a nosotros a las ocho de la noche, iría a otra capilla, pues es una tradición que ella visite varios oratorios de la comunidad.

Pasaron dos días de mucha fiesta, me sentía emocionado, asombrado, cómo el amor y la fe movía a tanta gente, cuántas personas gozaban y esperaban ansiosos el gran día, el día de la Virgen patrona de los capiateños. El Padre Peter se encargaba de las misas y su homilía llegaba al corazón de todo un pueblo, invitaba a reflexionar las acciones y denunciaba irregularidades, faltas a las promesas hechas por algunos gobernantes.

Papá recibió una llamada esa mañana, me extrañó pues puso una cara afligida, los ojos se le inundaban con lágrimas, su respiración parecía inquietarse, en ese momento me exalté bastante. Temía escuchar algo malo, algo que ya sospechaba hace tiempo. Mamá no puede morir, es muy joven, solo tiene 27 años, ¡por Dios! Papá colgó el teléfono, me llamó a sentarme en su regazo, me juntó las manitas y me dijo: debo volver a casa, tu mamá… ¡No! Grité, mamá no puede morir, ¡no nos puede dejar!, exclamé.

Llorando mi padre me dijo que mamá estaba viva pero muy delicada, tenían que trasladarla a la capital para internarla en un hospital. “Tu mami está enferma, Tomás”. Sentí que mi corazón volvía a latir, mami está viva, ¡aún está viva!, pensé.
Me calmé, le dije que fuera lo más rápido posible, que aquí los iba a esperar. La mañana siguiente, mientras limpiaba nuestra zona, vi asomarse un autito, era el de mi tío Cacho, fui corriendo, bajó papá con Sarita en brazos, inmediatamente le pregunté cómo se encontraba mamá. Se agachó y me dijo: “seré sincero contigo, tu mami está internada y muy delicada, los doctores la están cuidando para que pronto se recupere, ella está en manos de Dios ahora”.

No escuchaba nada, me quede atónito, fui corriendo a la iglesia, me detuve frente a ella y la miré, mi llanto me dejaba ver poco aunque lo suficiente para darme cuenta de que era hermosa, el templo más hermoso que había conocido hasta ese momento, llena de Santos, las ventanas grabadas, noté que la Virgen había vuelto, estaba ahí, reluciente con su vestido blanco.

Entré suplicando, ¡por favor, no te lleves a mi mamá!, “soy pequeño y la necesito, Sarita es apenas una bebé, si mamá se va, mi hermanita no la recordará nunca, merecemos crecer con nuestra madre, tú eres madre, comprenderás el sentimiento, me comprenderás, no te pido imposibles, muchas personas me hablaron bien de ti, te ruego que no te la lleves, deja que pueda cumplir su misión en este tierra antes. Te prometo que, si mamá sale de esta, seré quien se encargue de cuidar tu preciosa casa, seré el futuro sacerdote y te protegeré, te veneraré por siempre madre mía”.

En ese momento sentí paz, una luz brillante y resplandeciente se asomaba detrás de la virgen. Le agradecí, le prometí no defraudarla nunca, la miré fijamente y la besé con todo el amor de un niño feliz por la vida de su madre.

Salí corriendo de allí, palomas blancas volaban detrás de mí, como hojas de árboles agitadas por un frío viento de otoño. Fui junto a mi padre y le dije que mamá sanaría, que la Virgen de la Candelaria me lo dijo. Papá me miro fijamente, incrédulo me dijo: “no seas iluso Tomás, tu mamá no está bien”, ¡pero papá! exclamé yo, llama al hospital, ve si es necesario, yo cuidaré de Sarita, vete y trae contigo a mamá, verás que su mal se ha ido.

No muy confiado puso en mis brazos a mi hermanita y emprendió viaje a la capital, no está tan lejos pensé, solo unos kilómetros, pronto la veré sana.

Unas horas después, vi a lo lejos asomarse el auto de tío Cacho. Sarita estaba dormida en un banquito de la calesita así que fui corriendo, esperanzado. Era mamá, con la sonrisa hermosa que hacía tiempo no veía reflejarse en su rostro, estaba más preciosa que nunca, la abracé con toda mi fuerza, le dije cuánto la amaba y cuánto la extrañaba.

Mamá llorando me dijo que era un niño valiente, que era un ángel. La Virgen le había contado mi promesa, me alentó a no defraudarla pues ella habría cumplido con su parte. “No lo haré mamá, no lo haré”. Papá nos miraba un poco extrañado, convencido de que habría ocurrido un milagro, el más hermoso milagro que nunca nos había ocurrido.

A veinte años de aquel día me encuentro hoy, un poco temeroso y nervioso, será la primera misa a mi cargo, el gran culto por el día de la Virgen de la Candelaria. Soy un sacerdote comprometido más que nada con mi madre, la Virgen, con mi padre, Dios y conmigo mismo, desde que tuve la muerte de mi madre en mi cabeza supe que esto haría, el resto de mi vida la dedicaría a la fe, a profesar la fe que mueve a miles de personas.

Aquella fe que cura heridas tanto físicas como espirituales. Doy gracias a Dios por aquella dolorosa aunque maravillosa experiencia. Fue una revelación, una divina revelación. Ahora, paso mis días dentro de esta casa, la casa de todos, es hermosa por dentro y por fuera. Me siento en paz.

Sarita comenzará la universidad, estoy bastante orgulloso de ella, vendrá para la ceremonia junto con mis padres y mi hermano Jesús, el pequeño de 10 años que adoptamos como miembro de la familia.

La vida en Capiatá, hermanos míos ha sido maravillosa, Pedro Juan me tiene guardado un lugar para cuando quiera regresar, sin embargo, mi vida está acá, mi vocación y mi fe hacia la Virgen es mayor.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Analizando el cierre de las radioemisoras venezolanas


La Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), organismo regulador de la Telecomunicación de Venezuela, dispuso la interrupción de las transmisiones de 34 emisoras de radio por contar con irregularidades en la licencia o en la administración.

Esto se dio a raíz de que el mes pasado se realizó un censo de las emisoras que funcionan en el país, para el que se solicitaba a las concesionarias que presentaran la documentación que avala la vigencia de su licencia.

Algunas irregularidades son las siguientes:
•Traspasos ilegales de la titularidad de las licencias.
•El fallecimiento del titular de la licencia de transmisión.
•La renuncia del anterior titular.
•No contaban con el permiso correspondiente para la emisión o éstos habían vencido.
•No presentaron los recaudos necesarios exigidos por la Conatel.

Se había manifestado en un principio que era una medida dictatorial pero lo que sucedió es que se les vencieron las licencias y no fueron renovadas. Se sabe que el Estado es el dueño del espacio radioeléctrico y otorga licencias por un tiempo determinado.

Las radioemisoras deberían acatar los requisitos que exige la Conatel para poder seguir transmitiendo con total libertad, una vez vencida la licencia podrían prorrogarla para tener la habilitación correspondiente, hecho que no aconteció con estos “monopolizados” medios de comunicación.

¿Por qué digo monopolizados? porque estos medios se encuentran en manos de unos pocos, son empresas lucrativas. Son grandes empresarios y/o tienen cargos importantes pero además se dedican a la comunicación.

Los afectados manifestaron que se violaba la Constitución Nacional o que se restringía la libertad de expresión. No lo veo de esta manera, pues como afirmó la directora de Radio Nacional de Venezuela (RNV), Helena Salcedo: “el gobierno solo está realizando la revisión del espectro radioeléctrico para determinar que no están cumpliendo con la legalidad en esa detección los monopolios por parte de familias, figura que está vedada en la Ley Orgánica de Telecomunicaciones".

Los que pierden más con todo esto son los trabajadores que no están garantizados en sus puestos por culpa de los dueños que tuvieron la oportunidad de “ponerse en regla” y no lo hicieron.

El ministro de obras públicas, Diosdado Cabello dijo: “aquí no estamos revocando concesiones, sino recuperando concesiones que estaban secuestradas por personas que operaban ilegalmente desde hace 40 años. Es un acto de justicia”. Además solicitó que presenten documentos donde Conatel le habilite para emitir. Esto, a mi parecer, da a entender lo expuesto más arriba.

Uno de los afectados, Rómulo Raymondi, director de la radio Barlovento del estado central de Miranda, manifestó que tras el anuncio del ministro Cabello procedió a suspender las transmisiones de su radio, que abrió su padre hace 45 años, para evitar que le "confisquen los equipos". Ellos tienen el derecho de apelar al Tribunal pero si no regularizan su situación la Justicia nada podrá hacer a su favor.


Fuente: Agencia Informativa Púlsar

sábado, 1 de agosto de 2009

Los angelitos de Dios


Antes que nada quisiera pedir disculpas si lastima de alguna manera lo que deseo escribir.

29 de julio. Dios llamó a un ángel a sus brazos. La noticia me partió el corazón.

Él es Marcelito, un hermoso niño de 5 años, hijo de mi primo Roberto. Lo conocí cuando era un bebé y desde ese entonces ya no lo volví a ver por cuestiones de la vida que uno no comprende, al menos yo.

Me ha pesado, me pongo a pensar en mi sobrinito que tiene su misma edad, me hace pensar en aquellos niños desprotegidos que acuden al Señor sin conocer el amor, sin haber vivido su vida, sin tener siquiera la oportunidad de "vivir más".

Para mí esto es algo injusto, no me parece justo que algunos tengamos la "suerte" de vivir nuestra vida a nuestro antojo, no me parece justo que otros se arrebaten este derecho fundamental.

No me parece justo en lo más mínimo.

El día de la amistad comenzó con llanto, fui a acompañar a la familia al Memorial, no lo podía creer, un niño sano partió, ya no está, por culpa de una peritonitis o sea lo que sea. Solo queda el recuerdo, el sonido de sus risas. Ana Paula se ha quedado sin su hermano mayor, Roberto y Ana se han quedado sin su primogénito, toda la familia se ha quedado sin alguien en su vida.

La tristeza no me permite pensar con claridad, solo quería compartir esta tristeza y hacer un llamado de atención: La vida es corta, no la desaprovechen, nadie sabe qué te pasará mañana ni qué le pasará a tus seres queridos. Vive tu vida de tal manera que mañana no te arrepientas de tu ayer dice mi refrán de cabecera.

Diles a todos los que amas cuánto los amas, haz que tu vida, sea corta o larga, merezca ser vivida, merezca ser recordada.

Mis compañeros del día a día


Hoy he vuelto a escribir, hace dos días festejamos el día de la amistad... La pasamos muy bien con los compañeros de la facultad. Estos compañeros que están ahí, día tras día, han formado parte de mi vida.

Alguna compañera ha afirmado que éste era el último día de la amistad que lo pasaríamos como curso, tiene razón. Cuatro años han pasado, cuatro años maravillosos que me llenan de orgullo.

No soy hipócrita, quiero decir que me gusta ser amiga de todos. Si algo me molesta lo saben enseguida por la expresión de mi rostro. Aprendí a convivir con ustedes, hermanos, amigos, compañeros.

Me ha entrado la melancolía, una extraña sensación me invade. Un paso más y esto se habrá convertido en un recuerdo, recuerdos de la universidad, recuerdos de compañía, recuerdos del compartir y del andar.

Cientos de obstáculos hemos pasado, me di cuenta que estamos fortalecidos a pesar de las miles de opiniones y desacuerdos; a pesar de "las roldanas" hemos permanecido juntos. Ustedes sabrán bien.

Hoy solo quiero darles las gracias por pintar el mundo gris de Filosofía, por estar ahí simplemente, por dejarme ser parte de ustedes.

Falta poco, tal vez como lo ha dicho una amiga, algún medio nos separe en el futuro, pero la satisfacción que me queda al haberlos conocido es inmensa.

Gracias a todos ustedes compazzzzzzz!!! Los quiero...