sábado, 19 de septiembre de 2009

Recuerdos de infancia



Me estuve acordando en estos días de aquellos tiempos. Mi infancia fue más que feliz, tranquila, era una niña de pocos regaños, la típica que se portaba bien.

Alguna vez pensé que ésto me limitó a disfrutar un poco más, pero no me arrepiento de todo lo que hice así que puedo decir que lo viví a mi manera.

Cómo olvidar mis programas de Telefé: Chiquititas, Cebollitas, Jugateconmigo, Xuxa (cuando era muy peque), la novela con Andrea del Boca "Perla Negra". Alf, Los Simpsons, Dinosaurios Familia Sinclair, Los caballeros del zodiaco, Ositos Cariñositos, Aventuras en Pañales y otros dibujitos de Disney. "Mi cuñado" y "Grande Pa"

Cómo olvidar mis tantos juegos y travesuras: los tradicionales "palitos chinos" en días de lluvia, cuando armábamos toda una mansión para las Barbies y a la hora de jugar ya nos habíamos cansado. A la soga en casa o en la escuela, todo tipo de "manchas" como congelado, agachado, etc. etc. O cuando nuestras "bombitas" (globitos de agua) eran enemigas en una batalla en la piscina. Cuando le poníamos delanteras y traseras a Zacy jajaja, recuerdos únicos.

Cuando mis hermanos apagaban las luces y emitían ruidos horribles para que yo me asustara (lo consiguieron algunas veces xD), las cartas! horas jugando al chinchón, a la casita robada.

Cuando organizábamos encuentros en la casa de los tíos, especialmente en lo de la Tía Lu, el tío Grego, La tía Esther... los tantos bailes entre primos o en las noches los clásicos cuentos de terror como Chuki jaja.

Cómo olvidar a mis amigos: Johanna, Sabrina, Patto, Martin, "Pinino", Yanina, Flavia quienes compartían conmigo cada día, los juegos, los momentos que marcaron mi vida.

Cómo olvidar la música que escuchaba: Hanson con el Mmmmbop, Spice Girls con Wannabe, Jordi con Ya no quiero ser bebé, Pimpinela mi grupo favorito de entonces.

No puedo olvidar lo celosa que era, mi mamá solo podía alzar a su ahijada Zahira, era celosa de otros chicos jajaja...

Los viajes a Paraguay cada fin de año, cuando íbamos a la casa de los abuelos, nos consentían tanto. Pasábamos la tarde en el arroyo, comíamos bananitas de oro de la cocina de mi abue Cris.

Poco después de cumplir los 9 años nos tuvimos que mudar a Capiatá, una nueva vida comenzaba para mí, para toda la familia. Luego les contaré qué tal nos fue desde ese entonces.

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